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Las preparaciones, los trucajes... eso que cada día está en la mente de todos nosotros, de los visitantes de esta página web, y de otras similares.
Hace 10 años, trucar la moto servia principalmente para una cosa: para que tuviera más potencia y no tener que subir cuestas empujando, o poder pasar de 80 kmh llevando pasajero. Si además de evitar esos problemas, el trucaje te mejoraba la velocidad punta de la motillo, mejor, pero era algo digamos que secundario. Lo importante era que tuviera fuerza para trialear y, porque no decirlo, para hacer mejores caballitos.
Trucar la moto, era algo muy delicado y que conllevaba decisiones muy arriesgadas. Teníamos básicamente dos tipos de cilindro: los de aluminio, y los de hierro, en dónde los de aluminio eran de 70cc o menos, y los de hierro, hasta 75cc, siendo el Top Rosa lo mejor de lo mejor, y en motores Derbi, ni Top Rosa había, el metrakit de hierro de 68cc era DIOS. Punto y final. Había prácticamente solo un cigüeñal diferente al de serie: el Top Performances C39, el famoso "rompebrazos" de minarelli. Los Derbi, ni tan siquiera necesitaban otro cigüeñal, pues no rompían el de serie, ya que ningún cilindro corría tanto como para romperlo. En cuanto a rodamientos, simplemente estaban los de serie, con más o menos holgura según las RPM, pero nada más. Digamos que en tema rodamientos la cosa era un "usar y tirar", porque cada dos por tres estaban jodidos. Los carburadores... habia 4 tipos: Amal (lo peor, pero baratos), los Dell'Orto (los normales), y después, en otro escalón, el 24 Mikuni TM y el 28 Keihin PWK. Quien se compraba un Keihin tenía que soltar nada más ni menos que 32.000 pesetillas, lo que ahora serían, en comparación por lo que han subido los precios, a lo bruto, unos 350 euros. De aceite... lo mejor era el Castrol TTS, lo cual significaba que si tu motor pasaba de las 12000 rpm se comia los pistones de par en par. En cuanto a escapes.. habia bastantes, pero lo máximo era un Yasuni HM, y lo supremo un TAVI TRC de los de 40.000 pelas. De encendidos y cajas de láminas, mejor no hablo, porque no había mas que alguna bobina o rotor inútil.
Al trucar la moto, sabías que perdias la fiabilidad de todo lo que era rodamientos, biela y cigüeñal, no había forma posible de reforzar esos puntos. También tenías que elegir entre un cilindro de aluminio con menos cubicaje o un cilindro de hierro con algo más de cubicaje pero con más desgaste. Obviamente, elegías el de hierro, pues cuantos mas CC más fuerza bruta, y como no había nadie que arreglase cilindros de aluminio gripados, sabías que comprar un aluminio era tirar el dinero.
Realizada la "pequeña inversión", podías disfrutar de todo su potencial subiendo cuestas mucho más rápido, haciendo caballitos, derrapes, acelerando mejor, etc, pero... la velocidad punta, era lo de menos. Te picabas en punta de vez en cuando, pero si no ganabas, pues no pasaba nada, y si ganabas, todo el mundo admiraba tu moto, que, llevando las mismas piezas que todos, corría más porque el espíritu santo la empujaba, o algo así.
Los que se picaban a tener mejor motor, no tenían más remedio que estrujarse el coco, coger una lima, y agrandar algún que otro agujero sin tener una idea clara sobre qué hacer o que dejar de hacer. Aquí entraba en juego la astucia de cada uno, la intuición, la inteligencia, las buenas manos, pero nunca entraban en juego las billeteras. Simplemente se trataba de un juego en el que el más listo era el ganador. La sensación de ganar a alguien sabiendo que ganas por las modificaciones a mano que le has hecho a tu motor tú mismo, no tiene precio. No es comparable ni mucho menos a tirar de billetes, comprar un cilindro, y a darle gas.
Hoy en día, nada de eso sirve ya.
Hace unos 6 años empezaron a salir nuevos cilindros de aluminio (los PRO RACE), algún barikit, nuevos escapes, más carburadores.. un poco más de todo, vamos. Aquí empezó todo. Se disparó una fiebre enfermiza por comprar lo último, lo que más corría con solo montarlo. Se desató una vorágine de compra y montaje de piezas, un "usar y tirar" de cilindros, escapes y demás. Al ser todo nuevo, todo rompía con mirarlo, todo se complicaba, el aluminio de baja calidad no te permitía meterle lima... se perdió el ingenio y el saber hacer. Los tiempos cambiaron, llegó el euro, la bonanza económica, y el poder de la billetera de cada uno. Aquí ya no corría más el más listo, sinó el más rico.
Los piques dejaron de ser algo sano. Lo único válido era la velocidad punta. Hubo una cierta enfermedad en la búsqueda de laaaargas rectas en bajada para ver que moto alcanzaba más kmh. Llegué a ver motillos con los cilindros de 70cc de aluminio a casi 150 kmh en bajadas interminables, pero que en llano pasar de 120 era un milagro. Desarrollos largos, altos, motores poco funcionales, sin carácter y sin nada por debajo de las 10.000 rpm. Más tarde llegaria la moda de ponerle ruedas supermotard a las enduro para que alcanzaran 5 o 10 kmh más.
Nos olvidamos de lo que realmente se trata cuando vas en moto: de tumbarse, de trazar curvas, de frenar a muerte con el freno delantero, de subir trialeras, de ir por los caminos, de meterse en un barrizal, de pasar por una zona de piedras, de subir una roca, de atravezar un riachuelo. Se nos olvidó que la moto no es solo un motor, se nos nubló la vista de tal forma que solo se podía ver el velocímetro. Se perdió el tacto y la conexión con la moto. Motero y moto ya no iban juntos, se había transformado en "tío que se gasta la pasta para fardar porque su moto corre 1 kmh más" sentado encima de "todas las piezas que ha comprado". Poco importaba ya que la moto fuese enduro, supermotard o carretera, lo importante era lo que marcaba el velocímetro. Eso es triste.
Yo caí en esa espiral de vicio. Sinceramente, fue cuando disfruté menos de la moto. Nada más que tuve la moto para "correr en punta" unas dos semanas y vendí el "Pro Race", el escape artesanal, y quité los desarrollos largos.
La forma en la que más he disfrutado la moto ha sido la forma en la que tenía un motor equilibrado, potente en bajos, medios y altos, con una fiabilidad aceptable, y que no corria mucho más de 120 kmh. El paso de los años me ha dejado escenas de conducción grabadas en mi mente con total claridad, y todas son iguales: sensaciones conduciendo. Del dar gas ni me acuerdo, ni me interesa, ni de la velocidad punta.
Los recuerdos que me ponen los pelos de punta aún de vez en cuando son los de las trialeras, los de las curvas imposibles, las frenadas in extremis, los saltos, los piques de igual a igual con la moto de serie o mismo trucaje, los paisajes del campo, las excursiones con los amigos, las risas, las meriendas en algun rincón perdido del campo, y de alguna caída. El barro, el frío, el agua, el polvo, las piedras. Todo eso está en mi mente grabado, y no tiene precio. De los acelerones y los piques en linea recta, sinceramente, de los únicos que me acuerdo, son de los que acabaron con la G.Civil detrás mía, que no fueron pocos.
Si queréis un consejo, tomad este: conducid más la moto, sin prisas, sin agobios, lo agradeceréis de por vida.
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